¿POR QUÉ ME DUELE LA ESPALDA? – CARTERA & PELVIS


En los tiempos que corren, tener la cartera llena es señal de que “la chimenea tira” como diría mi abuelo Eliseo. 

 Pero las tarjetas de crédito, el DNI, el carnet de conducir, los ticket descuento del supermercado, la tarjeta de puntos para tal o cual establecimiento que acumulamos en nuestras carteras no saben de ergonomía ni tampoco prestan atención a la postura óptima. Nosotros las guardamos juntas y las llevamos siempre encima sin ser conscientes del peligro escondido en una cartera que abulta 5 centímetros o más.

Muchas personas (en la mayoría de los casos hombres) llevan la cartera en el bolsillo trasero del pantalón y pasan el día sentados sobre ella, en el coche, en la oficina, durante la comida o tomando un café con los amigos.



Según Greenman en un artículo escrito en 1979 (Journal of the American Osteopathic Association 79:238-250) un desnivel en la base sacra menor o igual a 2mm, en el 98% de los casos puede tener transcendencia clínica

¿Quieres saber por qué…?, sigue leyendo ;-)

Sentarse sobre la cartera hace que la pelvis esté más elevada de un lado que de otro durante horas, lo que contribuye a generar problemas como dolor en la parte baja de la espalda, caderas e incluso ciática
¿Por qué?, muy sencillo, nuestra estructura se adapta a las demandas posturales que le solicitamos, y en este caso, la elevación de un lado de la pelvis hace que la columna lumbar responda con una inclinación lateral hacia el lado elevado. Esta postura mantenida durante muchas horas supone una demanda mecánica crónica a las vértebras, discos, ligamentos y músculos de la zona lumbar.

Si nuestra posición sentada va acompañada de una asimetría en el plano frontal, la pelvis cae hacia un lado y la columna lumbar se inclina hacia el otro, lo que aumenta las fuerzas compresivas en el lado al que se ha inclinado la columna lumbar y las fuerzas de tensión aumentan al otro lado.

Para comprender los riesgos que esto supone, primero debemos conocer los rangos de movimiento en las vértebras lumbares.

Nos basaremos en estudios realizados por Tanz sobre la movilidad de la columna lumbar (Tanz SS. Motion of the lumbar spine – A roentgenologic study. American Journal of Roentgenology – 1953;69(3):399–412). Tanz indica que  la movilidad lumbar total en inclinación lateral oscila entre 20º y 30º en adultos, llegando a 62º en jóvenes. Por otro lado, la amplitud segmentaria a nivel del disco L5-S1 es bastante limitada (entre 2º y 0º en un adulto) y que esta disminuye con la edad.

 ¿Qué resultado crees que puede tener comprimir durante horas y horas sobre un solo lado el disco L5-S1, poco movil de por si y diseñado para soportar directamente el peso de toda la columna?. ¿Qué consecuencias puede tener si esto también ocurre sobre los otros discos intervertebrales a nivel lumbar?. La respuesta no puede ser muy halagüeña.

La sobrecarga asimétrica aumenta la compresión y la probabilidad de degeneración en los discos intervertebrales, las articulaciones facetarias, el cartílago articular con la posibilidad de que se formen osteofitos.
A parte de los problemas derivados de la degeneración de las estructuras de la zona lumbar, la demanda mecánica crónica sobre éstas puede generar dolor en las articulaciones sacroiliacas localizado en el lado elevado. También puede desencadenar lo que se conoce como síndrome piriforme, en el que aumenta la tensión que soporta este músculo y los tejidos que guardan relación con él (entre otros el nervio ciático).

Tal y como indican autores de la talla de James A. Porterfield y Carl DeRosa en su obra “Mechanical Low Back Pain: Perspectives in Functional Anatomy (W.B. Saunders Company – 1998), con la edad disminuye la capacidad de soportar carga, de recuperación de los tejidos por cambios posturales y daños sufridos. En definitiva, crece la probabilidad de aumento del dolor y de la disfunción.
La solución para este problema pasa por crear buenos hábitos que mejoren y optimicen nuestra postura junto con una serie de ejercicios que en breve encontraréis en el blog.

Hasta la próxima entrega…

BYE, BYE JUANETES




Cada vez observo más pies de deportistas que sufren cambios estructurales por un trastorno del equilibrio muscular que trae consigo un cambio en la dirección de tracción de los tendones y con ello un aumento de la deformidad. La más conocida para todos es el juanete (del latín hallux valgus).




Sobre las falanges del dedo gordo del pie actúan  músculos muy importantes para poder caminar.
Sus tendones hacen del dedo gordo uno de los principales protagonistas de la marcha bípeda, siendo el último en abandonar el suelo a cada paso. 

Si las estructuras activas y pasivas clave para el sostén de la bóveda plantar de las que hablamos en las entradas sobre la pierna y el pie no funcionan adecuadamente, a la larga se desarrollan una serie de adaptaciones como respuesta a las nuevas demandas de apoyo que se multiplican exponencialmente si practicamos un deporte de forma habitual o si utilizamos un calzado que no sea adecuado.


A continuación os propongo un ejercicio sencillo basado en el método MELT que ayuda a liberar la tensión acumulada en los músculos del dedo gordo y sus tendones, mejorando el riego sanguíneo a la zona muy interesante para la prevención y para reducir el dolor debido a la irritación crónica de la articulación metatarsofalángica del dedo gordo.
Ese es el punto de reunión y encuentro favorito de los osteoblastos (células formadoras de hueso) que ante la demanda forman su campamento en forma de juanete abultado, demandando su espacio y “dando mucha guerra”.


Para poder realizarlo solo necesitas una pelota de unos cinco centímetros de diámetro y una goma gruesa para que no corte la circulación de la zona (puede valer una de pelo o una de las que sujetan el bróculi).





Con los pies en el suelo, junta los dedos gordos de los pies y pasa la goma por ellos.

A continuación coloca la pelota entre los juanetes a la altura de la cabeza del primer metatarsiano (siempre en un punto donde la presión no genere dolor)

Desliza los talones por el suelo hasta que se junten ambos pies lo que hará que la goma se tense mientras mantenemos la pelota sujeta. Observa como el dedo gordo se alínea con ayuda de la goma.

Ajusta la medida de la goma y el tamaño de la pelota para que esta posición no sea incómoda o difícil de mantener para poder realizar el ejercicio.


Eleva los dedos gordos de ambos pies durante diez segundos, manteniendo los otros dedos en el suelo. Si ves que esto te cuesta, al principio puedes ayudarte con las manos para que los dedos del 2º al 5º no participen en la elevación.
Repite la secuencia primero diez veces, para progresar hasta 15 y un máximo de 20 repeticiones en las que mantengas la posición durante diez segundos.


Sencillo, económico y efectivo…, a qué esperas para incorporarlo a tu rutina de entrenamiento!!


Hasta la próxima entrega…

Anatomia de los pies a la cabeza (II) – Pierna.


La intención de este artículo no es otra que la de aclarar la anatomía esencial de la pierna pudiendo así valorar con criterio las necesidades de nuestros pies antes de precipitarnos a comprar el último modelo de zapatilla de moda, desconociendo  cómo o por qué funciona, o en el  caso de dolor, vagar de consulta en consulta buscando un diagnóstico que justifique la causa de nuestro parón deportivo (que normalmente, según la ley de Murphy, será en el momento de mejor forma).
En la última entrada del blog relacionamos la estabilidad del arco transversal del pie con la musculatura de la pierna, y en esta entrada profundizaremos en esa región que va desde el tobillo hasta la rodilla.
SOMOS MOVIMIENTO y la marcha bípeda es una cualidad propia del hombre. Es lo que nos da independencia tras un proceso de aprendizaje, primero para mantenernos de pie y luego para desplazarnos manteniendo el equilibrio gracias a la coordinación. Este fenómeno lo repetimos entre 10000 y 15000 veces al día.
Con el primer paso de nuestra vida empezamos a repartir bien el peso del cuerpo sobre un pie y así poder mover el otro sin la mano de papi o mami. Con el tiempo, la gravedad y el desarrollo motor, nuestros pies (pequeña base de la gran pirámide que es el cuerpo), utilizan durante la marcha tres puntos de apoyo e impulso.

Primero el talón, frenando el impacto contra el suelo con la ayuda incuestionable del tibial anterior. A esto le sigue un aplanamiento de la bóveda plantar desplazando toda la carga del cuerpo hasta la cabeza del primer metatarsiano (superficie situada justo antes del dedo gordo del pie). A su vez toda la musculatura plantar amortigua este movimiento estirándose y acumulando energía elástica que más tarde utilizará para el impulso. Por último el dedo gordo del pie, que, para dar el impulso final y así despegar el pie del suelo, lo hace con la potencia del triceps sural (gemelos & sóleo) que se nutre de la energía acumulada en la fascia plantar para poder llevar a cabo su tarea.
Pero la forma normal de un pie sano puede variar por causas congénitas o adquiridas a lo largo de la vida (por una lesión, el propio peso del cuerpo o el tipo de calzado que utilizamos). En la imagen podemos ver el análisis de los tipos de pisada más comunes:


Para solucionar cualquier tipo de variación respecto del apoyo neutro tenemos a nuestra disposición las mil y una opciones o lo que es lo mismo, zapatillas pronadoras, neutras free, plus, minimalistas, barefoot, old fashion, con sus correspondientes plantillas de gel, silicona, fibra de carbono, sin olvidar los calcetines de compresión, descompresión, relax, y así suma y sigue si nos sumergimos en los catálogos comerciales de las marcas deportivas.
Sabemos que nuestro pie necesita dos cualidades opuestas, flexibilidad para amortiguar bien el peso del cuerpo en cada paso adaptándose al terreno y, al mismo tiempo tensión/rigidez para transmitir las fuerzas. Para compensar un exceso de flexibilidad basta con activar la musculatura, pero un exceso de tensión/rigidez en el pie no se puede compensar, pero si se puede prevenir.
Por ejemplo, bajo carga excesiva, como ocurre con el uso de tacones, calzado deportivo que no es de nuestra talla o pies de gato en escaladores, el pie sufre un empuje como el que vemos en la imagen, con un pobre control muscular que a la larga desencadena dolor y una alteración de la pisada hacia un pie plano transverso más conocido como pie plano o pronación, formándose callos dolorosos y juanetes. 



Las estructuras que más contribuyen al mantenimiento de la tensión de la bóveda plantar son de fuera hacia adentro: la aponeurosis plantar, el ligamento plantar largo y el ligamento calcaneonavicular plantar.
Es aquí donde empieza nuestro viaje hacia lo que pasa en nuestra pierna con origen en el pie

El descenso de la bóveda plantar (no olvidemos que esto ocurre de forma normal durante la marcha una media de 10000 a 15000 veces diarias) hace que huesos de la articulación del tobillo como el astrágalo y el navicular se desplacen hacia el suelo. Un apoyo pronador suele generar un dolor difuso en la planta del pie ya que se sobreestira el ligamento calcaneonavicular plantar. Debido al aumento y constancia de la tensión sobre el triceps sural (gemelo & sóleo), para compensar la falta de soporte pasivo por parte de los ligamentos y aponeurosis, suelen aparecer dolores en la pantorrilla.
Profundicemos ahora en la organización interna de la pierna. Nuestro cuerpo sabe mucho y su diseño se basa en una organización funcional a base de compartimentos envueltos en fascia y divididos por tabiques intermusculares y/o fasciales.

En esta distribución funcional basada en compartimentos todos los habitantes de cada compartimento tienen un destino común, adivina…., EL PIE, siendo algunos parte del segundo sistema de sostén del arco plantar y otros parte activa en el movimiento, permitiendo el movimiento en los tres planos.
Algunos “vecinos” de los que ya hablamos en la entrada sobre el pie son: el tibial anterior, tibial posterior, el peroneo largo. 
Otros menos conocidos pero no menos importantes son: el peroneo corto, el extensor largo de los dedos, el extensor largo del dedo gordo, el tercer peroneo, el cuarto peroneo (inconstante), el flexor largo de los dedos, el flexor corto del dedo gordo,…
Y señoras y señores, con todos ustedes en el compartimento posterior superficial: EL TRICEPS SURAL.
Después del glúteo mayor y del cuádriceps femoral es uno de los más potentes, aunque su eficacia está supeditada al grado de flexión de la rodilla (pero de esto ya hablaremos en otro capítulo). El triceps sural se contrae para extender el tobillo y proporcionar el impulso motor en la última fase del paso.

Considerando el cuerpo como una estructura que transmite a lo largo de todas las líneas fasciales el esfuerzo, la tensión, cualquier impacto y movimiento, y su organización compartimental (como hemos visto antes); la tensión en cualquier punto de esta estructura biotensegrica va a generar cambios, desequilibrios, inclinaciones, rotaciones o simplemente tensiones como consecuencia de lo que ocurre e otro punto de la misma. 
Volvamos al principio y empecemos por observar los pies, que en la cultura occidental se pasan el día enjaulados y en el olvido, y solo nos acordamos de ello cuando nos duelen.
Hemos hablado de la pronación y de los problemas que conlleva, entre los que destacan la fascitis plantar o la formación de espolones calcaneos por la tensión reiterada sobre la fascia plantar y su inserción en el talón (las soluciones y prevención  para esto las puedes encontrar en la entrada anterior sobre el pie).
Según T.W. Myers, un exceso de tensión en las estructuras pasivas del pie, empuja el talón hacia adelante. Esto se suele acompañar de un arco longitudinal interno débil y un aumento de la carga sobre la cara interna del pie que desciende la bóveda plantar aumentando la tensión en el complejo formado por el triceps sural, el calcáneo y las estructuras plantares (tanto activas como pasivas) que reparte de forma incorrecta la carga por toda la estructura.

Nuestra arquitectura colágena responde a la carga y, según las investigaciones en el campo de las fascias, todo apunta a que en la mayoría de las lesiones y molestias que sufrimos, el problema no se encuentra en la musculatura o el esqueleto, sino en la estructura de tejido conectivo que ha sido sometida a una demanda por encima de sus posibilidades.

Este tejido hay que entrenarlo y hay que cuidarlo porque sus fibras pierden la elasticidad y la capacidad de deslizarse unas sobre otras, creando adherencias que limitan su función.
Desde aquí os invito a incorporar los principios de entrenamiento fascial que iré presentando a vuestra rutina de entrenamiento, a vuestro día a día para y así poder apartar de nustro vocabulario el termino lesión.
Hasta la próxima entrega…