ANATOMIÍA DE LOS PIES A LA CABEZA (I) – El pie

Somos mamíferos bípedos gracias a que hace millones de años la evolución de la especie cambió nuestros apoyos para liberar los brazos. El pie jugó un papel muy importante para la bipedestación.
Ya lo decía Leonardo da Vinci: “El pie humano es una obra maestra de ingeniería y una obra de arte”
Es curioso, pero a pesar de su importancia, es el gran olvidado de toda la extremidad inferior y por eso en los apuntes ibaifit hemos querido empezar la anatomía por los pies.
La función del pie es doble: por un lado nos proporciona un apoyo estable, capaz de adaptarse a cualquier tipo de superficie, soportando el peso del cuerpo; y por otro, impulsa nuestro cuerpo durante la marcha, utilizando la energía acumulada durante la fase de apoyo.

Muy a nuestro pesar, hay que reconocer que en la sociedad actual esta pieza tan importante de nuestra anatomía está sometida a grandes cargas, presiones y tensiones, entre otros, por el calzado que utilizamos ya que limita su capacidad de respuesta funcional.





Revisemos por un momento algunas nociones básicas de la anatomía de nuestros pies:







El pie se divide en tobillo, metatarso y dedos (que son cinco). Tiene una superficie superior que se llama dorso del pie y una inferior que recibe el nombre de planta (que a su vez es la superficie de contacto con el suelo).

Si hablamos de los huesos, son unos 30, repartidos en tres zonas: huesos del tarso, huesos metatarsianos y las falanges



Estos huesos no se disponen en un solo plano, por lo que forman los característicos arcos del pie: arco longitudinal medial; arco longitudinal lateral y arco transversal. Son flexibles (o mejor dicho deberían ser flexibles) y son los encargados de absorber y repartir las fuerzas del cuerpo en tanto en 
bipedestación como en movimiento (marcha, carrera,…). 


Los arcos de nuestros pies están sujetos por un entramado muscular y ligamentoso mucho más profundo y extenso de lo que imaginamos. Por poner un ejemplo, los músculos que proporcionan soporte a los arcos durante la marcha son el tibial anterior, el tibial posterior y el peroneo largo. Sí, sí, como lo oyes, músculos de la pierna que dan soporte a la planta del pie.
Son el peroneo largo y el tibial posterior quienes se encargan de aportar estabilidad frontal dinámica al arco medial, mientras que la aponeurosis plantar sostiene el arco longitudinal del pie y protege las estructuras más profundas.

Entrenamos muy poco nuestros pies, y cabe decir que el glamour no entiende de funcionalidad y menos aún de biomecánica para la prevención de lesiones porque “para estar bella hay que ver las estrellas”…, y de ahí la idea del nombre fashion victim pies. Y es que llevar tacones de más de 5 cm supone un aumento de tres veces el peso del cuerpo en el antepié.


¿Realmente merece la pena torturar de esa manera a unas joyas de la ingenieria tan solo por unos glúteos más prominentes y unas piernas aparentemente más largas, a cambio de una lordosis lumbar aumentada y una región torácica en continua tensión para compensar esa hiperlordosis lo que desencadena a largo plazo también dolor en el cuello?

FASCITIS PLANTAR…, seguro que esto te suena.
Cuando nuestro pie no tiene la capacidad funcional para responder a las demandas a las que se le somete, por ejemplo al hacer deporte, o cuando abusamos de un tipo de calzado que altera sus características morfofuncionales, uno de los diagnósticos cada vez “más de moda” es la fascitis plantar.
Podemos definir la fascitis plantar como una inflamación de la fascia plantar que conecta el calcáneo a los dedos y cuyos síntomas más comunes son el dolor y la rigidez en la parte inferior del talón, refiriendo algunos pacientes, sensación de ardor en la planta del pie. 
Vale, diagnóstico claro, pero…, ¿qué puedo hacer yo para evitarlo?
Para recuperar la funcionalidad de nuestros pies, tenemos que empezar a trabajar descalzos (no solo con las zapatillas de deporte) y progresar después a un entrenamiento calzado que mantenga la movilidad de las estructuras.
Si hablamos de entrenamiento de pies, uno de los objetivos principales es el de flexibilizar los arcos (sujetos por todo el entramado miofascial que ya hemos descrito) sin olvidar a los músculos encargados del soporte dinámico del arco medial, peroneo largo y tibial posterior.
Aquí tenéis una propuesta de trabajo para los pies.
Prueba unas semanas el entrenamiento de tus pies y notarás la diferencia en todo tu cuerpo.