Matriz Extracelular, el biomaterial dinámico que proporciona fuerza y elasticidad e interactúa con su entorno.

El cuerpo humano es una máquina de vida, y a pesar de la necesidad de cuantificar y clasificar, todo individuo es más que el conjunto de lo que se puede medir, describir y comprender, incluso cuando esto se hace con la intención de ayudarlo.

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Podemos ver el cuerpo humano como una serie de sistemas integrados y por claridad, estudiar sus elementos por separado, pero sin olvidar que se trata de órganos individuales (asociación de diferentes tejidos) morfológicamente unidos, que crean sistemas morfológica y funcionalmente interdependientes donde los planos estructurales del organismo nos ayudan a entender mejor esta organización: Célula <-> Tejido <-> Órgano <-> Sistema <-> Organismo. Las células especializadas se agrupan formando tejidos para realizar funciones en nuestro organismo, siendo los cuatro tejidos que se distinguen en los mamíferos: nervioso, muscular, conjuntivo y epitelial.

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En los tejidos, según los libros de histología, además de células, también hay un “material inerte”, la matriz extracelular (MEC), compuesta por sustancia fundamental, fibras y fluido extracelular, siendo la célula la encargada de producir y secretar al espacio extracelular los componentes de la misma (Gartner y Hiatt, 2011; Gartner y Hiatt, 2014; Thibodeau y Patton, 2007; Tortora y Derrickson, 2011). Según Gray’s Anatomy (Standring, 2008), este término se aplica a la suma total de sustancias extracelulares de los tejidos, un sistema de fibrillas proteicas conocidas por proteoglucanos capaces de captar agua.

 

Hoy en día se sabe de la importancia de la MEC, implicada no solo en el soporte, sino también en el movimiento, desarrollo, morfología y función de las células desde el principio de la vida, durante el desarrollo del embrión, donde la migración de las células está condicionada por moléculas de la MEC como la fibronectina, laminina, colágeno (tipo IV) los proteoglucanos y el sulfato de condroitina a las que se unen las células mediante las integrinas (proteinas de unión), permitiendo o inhibiendo su migración (Carlson, 2009) constituyendo así un medio iónico hidratado y poroso, que hace posible el que los metabolitos y nutrientes puedan difundirse con facilidad (Standring, 2008).

 

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Hay que destacar que a pesar de encontrar textos que todavía presentan a la MEC como material inerte, la visión actual de este entramado molecular va cambiando, y como indica Myers (2015) citando a James Oschman en referencia a su libro Energy Medicine (Oschman, 2000) se empieza a considerar la MEC como la matriz viva:

«la matriz viva es una red ″supermolecular″ continua y dinámica que se extiende hasta el último rincón del cuerpo: una matriz nuclear dentro de una matriz celular incluida en una matriz de tejido conjuntivo. En esencia, cuando tocamos un cuerpo humano, estamos tocando un sistema íntimamente interconectado compuesto por la unión de la práctica totalidad de las moléculas del organismo».

Como afirma Mecham (2011), la comprensión de la función de la MEC ha evolucionado del concepto de “tejido conectivo” estático que mantiene unido y conecta todo, hacia el de un biomaterial dinámico que proporciona fuerza y elasticidad interactuando con los receptores de la superficie celular y controlando la disponibilidad de los factores de crecimiento. Esto plantea la necesidad de incorporar la biología celular para poder entender completamente la MEC. Esta idea ha sido reforzada por otros autores en publicaciones recientes (Alberts, Johnson, Lewis, Morgan, Raff, Roberts y Walter, 2015) donde se expone que la MEC es más que un andamio pasivo que proporciona soporte físico cumpliendo un rol activo y complejo, regulando el comportamiento de las células que la tocan, habitan en ella o se desplazan a través de su entramado, influenciando la supervivencia, desarrollo, migración, proliferación, forma y función.

 

A diferencia de otros tejidos, en el tejido conectivo hay una gran proporción de MEC (Thibodeau y Patton, 2007) que da soporte y cabida a las células del sistema (fibroblastos, adipocitos, células plasmáticas, macrófagos, linfocitos, mastocitos) mediante una estructura que proporcionan las fibras (colágeno, elastina, reticulina) que se entrelazan e interactúan las unas con las otras en un entorno que determina las cualidades del tejido (según sea líquido, semiliquido, gelatinoso o calcificado), compuesto por la sustancia fundamental o matriz amorfa y el fluido extracelular. (Gartner y Hiatt, 2011; Gartner y Hiatt, 2014).

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Como hemos visto, el tejido conectivo es algo más que un simple pegamento. Podemos decir de él que es el ingrediente que nos da la forma y a su vez, el componente que forma cada pieza de nuestro organismo, donde los mecanismos de unión y cohesión celular gobiernan la arquitectura, la forma, la fuerza y la organización de los diferentes tipos de células, unidas por interacciones directas o a la MEC. En este caos fibrilar debe primar la coherencia para poder soportar y responder las fuerzas tanto internas como externas (Alberts et al., 2015). Las células y por lo tanto tejidos que forman, se adaptan, cambian de forma con cada movimiento y se adaptan a cada situación tanto estática como dinámica del organismo.

 

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Sus propiedades dinámicas dependen de su arquitectura biológica y aquí hablamos de una organización tridimensional que debe su fuerza, resistencia y adaptabilidad a la transmisión de fuerzas a través de la red molecular más importante de nuestro organismo que, a su vez, encuentran el equilibrio gracias al principio de la biotensegridad…, la red fascial

 

El significado funcional de la arquitectura del tejido conectivo y más concretamente de la red colagénica fascial se caracteriza por su capacidad para desestructurarse y permitir así la movilidad, así como su dimensión conectiva que permite interacciones mecánicas funcionales (entre los órganos o estructuras). En otras palabras, cuando hablamos de fascia, además de utilizar un término muy a la moda, hacemos referencia a un tejido que además de conectar, acompaña y hace posible el movimiento, siendo por lo tanto:

 

1) Capaz de adaptarse y cambiar su organización para permitir el movimiento (piensa en el deslizamiento de las fascias que envuelven los músculos, a nivel del gemelo por ejemplo, cuando caminas o al pasar de flexión plantar a dorsiflexión del pie. ¿Te habías parado a pensar cómo este deslizamiento es posible?).

 

2) Capaz de reorganizarse y unirse cuando se le necesita (esto es lo que permite la cicatrización de los tejidos dañados o la especialización de algunas zonas como los tendones que son en realidad una adaptación funcional de la fascia ante una demanda de tracción).

 

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El concepto de tensegridad se basa en la coexistencia de fuerzas mecánicas, tensión continua y compresión discontinua, que interactúan para equilibrarse formando los binomios tensión – tracción y compresión – empuje (Heartney, 2009). Hablamos de fuerzas y por ende de energía, fuerzas/energía que podemos dibujar sobre un papel, sentir cuando nos movemos, percibir al observar un gesto, pero que aunque estén ahí no podemos ver…, fuerzas, energía, interacción, equilibrio.

 

Algo que caracteriza a las estructuras tenségricas es la capacidad de cambiar de forma y recuperarla gracias a sus propiedades viscoelásticas no lineares que hacen posible el auto equilibrado de las fuerzas, verdaderas estructuras dinámicas, formas siempre en tensión, siempre en equilibrio, en definitiva, estables (Juan y Tur, 2008; Skelton y de Oliveira, 2009; Scarr, 2014).

 

La estabilidad de toda estructura tenségrica no se debe a la fuerza de  sus partes, sino a cómo gestiona el estrés mecánico al que es sometida, o dicho de otro modo, a cómo distribuye las fuerzas, a cómo las equilibra, a cómo encuentra el equilibrio estable (y dinámico de la materia viva) donde la función de las unidades que lo componen dependerá de la estabilidad de todo lo demás. (Juan y Tur, 2008; Scarr, 2014)

 

Si hablamos de formas tenségricas solo podemos hacerlo desde una visión de interacción tridimensional, introduciendo en nuestro vocabulario los conceptos de volumen y sinergia. Por ejemplo, cuando un globo que se infla, crece, crece y la distancia entre  sus elementos aumenta a cada momento. Si esa distancia aumenta, las fuerzas “invisibles” que interactúan sobre ellos también lo hacen “me muevo luego existo”.

 

Extrapolando esta idea a nuestra naturaleza humana móvil y en constante cambio, tenemos un buen ejemplo que nos ayudará a entender la perspectiva global de toda postura o gesto que realizamos en nuestro día a día y las interacciones entre las fuerzas “invisibles”.

 

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Una perspectiva global del movimiento nos enseña que en cada gesto existen elementos que se expanden acompañados de elementos en contracción. Tensiones que cambian y se reparten buscando el equilibrio del sistema, tantas veces alejado del equilibrio ideal, basándose en conceptos no lineares que entienden las sinergías entre los elementos que permitirá la transformación y el propio movimiento.

 

Si aplicamos el concepto de biotensegridad a la dinámica corporal, a su realidad de continuidad total, no podemos apartar la mirada ante la evidencia de la organización fascial a todos los niveles: superficial, profundo e interno (nivel visceral). Obviarlo supone no querer aceptar la realidad tridimensional de nuestra estructura, la realidad tridimensional del movimiento, afincarnos en la comodidad de teorías aprendidas de origen renacentista, desarrolladas cuando las mentes dibujaban en 2D.

 

El Profesor de la Universidad de Harvard, Donald Ingberg en sus publicaciones  (Ingber, 2010; Sultan, Stamenović e Ingber, 2004) nos muestra como a nivel microscópico, la organización de la matriz extracelular (MEC) hace que la transmisión de fuerzas y tensiones llegue hasta el citoesqueleto de las células. Esto nos hace tener en cuenta el que toda fuerza mecánica que tiene lugar en nuestro organismo, se traduce en un proceso bioquímico, es decir que: cada gesto, cada movimiento, cada estímulo, cada sentimiento, cada acción mecánica o la simple y terrible “inacción” llegará hasta lo más profundo de nuestro ser, a cada unidad funcional de nuestro organismo, la Célula, desencadenando un cambio mediante el proceso de mecanotransducción.

 

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Junto con la fascia, el tejido conectivo hace que los huesos conecten y funcionen correctamente, hasta el punto de que algunos autores definan la cápsula articular como una fascia especializada, creada a partir de la demanda mecánica multidireccional a la que se ven sometidos los tejidos de la zona y que consigue mediante este formato, aportar conexión y permitir la movilidad.

 

Reflexionando a partir de las ideas expuestas en este post sobre la MEC y su importante papel en la dinámica en constante cambio, adaptación y remodelación de los tejidos, es importante que cuando llevemos a cabo un trabajo de liberación miofascial,  independientemente de si es antes o después de entrenar o pasear, independientemente de si buscamos una mejora del ROM, preparar/activar una zona o evitar la fatiga, tenemos que recordar que el entramado fascial no es tan solo miofascial, sino un órgano “tensotivomotor” (tensional – sensitivo – motor) implicado en los procesos microscópicos y macroscopicos del movimiento y de la vida.

 

 

Bibliografía:

Alberts, B., Johnson, A., Lewis, J., Morgan, D., Raff, M., Roberts, K., Walter, P (2015) Molecular biology of the cell. 6th ed. Ed. Garland Science.

Carlson, B.M. (2009) Embriología humana y Biología del desarrollo 4ºed Ed Elsevier.

Gartner L.P., Hiatt, J.L. (2011) Histología Básica. 1ª ed. Ed Elsevier.

Gartner L.P., Hiatt, J.L. (2014) Color Atlas and Text of Histology. 6ª ed. Wolters Kluwer Health.

Heartney, E. (2009) Kenneth Snelson: forces made visible. Massachusetts, Hard Press Editions.

Ingber, D. E (2010) From Cellular Mechanotransduction to Biologically Inspired Engineering. Annals of Biomedical Engineering, 38 (3), p. 1148-1161.

Juan, S.H., Tur, J.M.M. (2008) Tensegrity frameworks: static analysis review. Mechanism and Machine Theory 43, pp.859-81.

Mecham, R.P. (2011) The Extracellular Matrix: an Overview. Ed. Springer

Myers, T. W. (2015) Vias Anatómicas: Meridinos miofasciales para terapeutas manuales y del movimiento. 3ª ed Ed. Elsevier.

Oschman, J. (2000) Energy medicine. Edinburgh: Churchill Livingstone.

Scarr, G. (2014) Biotensegrity. The Structural Basis of Life. Handspring Publishing.

Skelton, R.E. y de Oliveira, M.C., Tensegrity Systems. Ed. Springer.

Standring, S. (2008) Gray’s anatomy. 40th ed Edinburgh: Churchill Livingstone.

Sultan, C., Stamenović, D., Ingber, D. E., (2004). A Computational Tensegrity Model Predicts Dynamic Rheological Behaviors in Living Cells. Annals of Biomedical Engineering, 32 (4), p. 520-530.

Thibodeau, G. A., Patton, K. T. (2007). Anatomía y fisiología. Ed. Elsevier.

Tortora, G. J., Derrickson, B. H., 2011. Principles Of Anatomy And Physiology (Tortora, Principles of Anatomy and Physiology). 13th ed. ed. Hoboken,NJ: Wiley.

¿Por qué debemos conocer la anatomía y fisiología de los tejidos?

En esta vida siempre nos tenemos que hacer preguntas. Tres de ellas se repiten muy a menudo: ¿qué?, ¿cómo? y ¿por qué?.

¿Qué tiene esto que ver con el movimiento?… 

Cuando hablamos de ejercicio físico, de trabajo corporal, de entrenamiento, de movimiento, aunque lo hagamos desde perspectivas diferentes, en todos los casos se trata del movimiento de cuerpos humanos, de la función de sus tejidos, de cómo interactuar los unos con los otros y por lo tanto de una correcta función (de ahí que a todos nos guste lo funcional).

Aquí es donde aparecen las tres preguntas de las que os hablaba.

Para poder relajar, fortalecer y/o regenerar los tejidos, además de su anatomía, es necesario conocer su fisiología:

* ¿Por qué ha ocurrido?.
* ¿Cuál es el proceso fisiopatológico?.
* ¿Qué estímulos necesita para mejorar?.

Incluye estas tres preguntas antes de recomendar cualquier ejercicio para que se adapte a la realidad de la persona.

Buenas noches y recuerda, nunca dejes de hacer preguntas 

Histología según Coco Chanel. Los tejidos de una vida.

El 10 de enero de 1971 fallecía en París Gabrielle Chanel, más conocida como Coco Chanel a sus 87 años. 
Ella sabía de moda, de estilo y glamour, pero nadie conocía su secreto…, !Coco Chanel amaba la histología!. De dónde creías que iba a venir si no su pasión por los tejidos, el corte de sus prendas que hacen que se vea a la persona y no el vestido. 



En sus frases escondía mensajes  secretos con los que describía la red de tejido conectivo y sus funciones a la perfección. Es ahora cuando los empezamos a descubrir, y gracias a los avances científicos podemos llevar a cabo el desencriptado y su posterior transcripción. 

Una de sus frases decía: “La naturaleza te da la cara que tienes a los veinte, a los cincuenta depende de ti”

Resulta que el TEJIDO CONECTIVO ES UN BANCO DE INFORMACIÓN PARA EL CUERPO capaz de dar respuesta a las demandas físicas y psíquicas a la que le sometemos. Es GRACIAS AL TEJIDO CONECTIVO QUE PODEMOS TRANSFORMAR LA FORTALEZA MENTAL EN RESISTENCIA FÍSICA



La sociedad actual “busca los límites” en pruebas que premian al hombre de hierro o al individuo más extremo o propone salir de la “zona de confort” en busca de la felicidad. 

Lograrlo no es tarea fácil,es necesario esfuerzo, constancia, dedicación y perseverancia, PERO CONTAMOS CON UNA ESTRUCTURA CAPAZ DE RESPONDER A TODAS ESAS DEMANDAS, INCLUSO A LAS MÁS EXTREMAS

A cambio solo tenemos que darle agua, nutrientes, tiempo para que se lleve a cabo la adaptación y tiempo para poder recuperar/regenerar después. 

Esto es lo que mi mente pervertida traduce de la frase de Mademoiselle Gabrielle Chanel y lo que veo en la imagen del actual presidente de los EEUU unos años después de su mandato. 

Nuestro cuerpo nos habla, expone las cosas, pero muchas veces somos nosotros quienes no quieren ver la realidad. 

VIVIR UNA VIDA MEDIOCRE, BUENA O (LA) MEJOR SOLO DEPENDE DE TI.

Hasta la próxima entrega ;-)

NUESTROS TEJIDOS SON COMO TUS MEJORES AMIGOS – Arquitectura del tejido conectivo



“La arquitectura del tejido conectivo, incluyendo fascias, vainas, envolturas y  membranas, es más importante para entender el significado funcional que la anatomía más tradicional.” 
Jaap van der Wal, MD, PhD


Y es que en el laboratorio, es el bisturí el que hace las diferencias, trazando fronteras, diferenciando estructuras y dando nombres a cada una de las partes porque como dice en el Principito Antonie de Saint – Exupéry:

” (…) Si les he contado de todos estos detalles sobre el asteroide B 612 y hasta les he confiado su número, es por consideración a las personas mayores. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: “¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?” Pero en cambio preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?”. Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: “He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado”, jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: “He visto una casa que vale cien mil pesos”. Entonces exclaman entusiasmados: “¡Oh, qué preciosa es!”.
De tal manera, si les decimos: “La prueba de que el principito ha existido está en que era un muchachito encantador, que reía y quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe”, las personas mayores se encogerán de hombros y nos dirán que somos unos niños. Pero si les decimos: “el planeta de donde venía el principito era el asteroide B 612″, quedarán convencidas y no se preocuparán de hacer más preguntas. Son así. No hay por qué guardarles rencor. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores.
Pero nosotros, que sabemos comprender la vida, nos burlamos tranquilamente de los números
. (…)”.

Es por esto que hace unos días publicaba que:

” Todo individuo es más que el conjunto de lo que se puede medir, describir y comprender, incluso cuando esto se hace con la intención de ayudarlo”.

Ahora, volviendo a nuestro tema sobre la arquitectura del tejido conectivo y el significado funcional… , de la red colagénica podemos destacar: tanto su capacidad para desestructurarse y permitir así la movilidad, como su dimensión conectiva que permite interacciones mecánicas funcionales (entre los órganos o estructuras).

En otras palabras, cuando hablamos de fascia, además de utilizar un término muy a la moda, hacemos referencia a un tejido que además de conectar, acompaña y hace posible el movimiento, siendo por lo tanto:

1) Capaz de adaptarse y cambiar su organización para permitir el movimiento (piensa en el deslizamiento de las fascias que envuelven los músculos, a nivel del gemelo por ejemplo, cuando caminas o al pasar de flexión plantar a dorsiflexión del pie. ¿Te habías parado a pensar cómo este deslizamiento es posible?).

2) Capaz de reorganizarse y unirse cuando se le necesita (esto es lo que permite la cicatrización de los tejidos dañados o la especialización de algunas zonas como los tendones que son en realidad una adaptación funcional de la fascia ante una demanda de tracción).

Nuestros tejidos son como tus mejores amigos, que se amoldan y están ahí cuando les necesitas, capaces de cambiar sus planes o reorganizar la agenda para poder pasar un buen rato contigo. Cuídalos, porque tus tejidos, como los buenos amigos,  son para toda la vida. 


HASTA LA PRÓXIMA ENTREGA…